Ya sé que no aplauden

El día de ayer, 3 de febrero, Peña Nieto anunció al nuevo Secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade. En una rueda de prensa, el nombramiento pasó prácticamente desapercibido, al ser opacado por aquella frase final que se escuchó a lo lejos, en un volumen bajo, pero que se escuchó perfectamente al no haber existido otro sonido en la sala que lo impidiera: “ya sé que no aplauden”, mencionó el Presidente. En menos de 24 horas, esta frase se volvió viral, siendo mencionada más de 116 mil veces en las redes sociales.

Al respecto, han quedado varias preguntas rondando por mi mente. ¿Qué quiso decir –o no decir- el Presidente Peña Nieto con esa frase? ¿Por qué sabía que no le aplaudirían? Más aún, ¿por qué habrían de aplaudirle?critican-el-ya-se-que-no-aplauden-de-pena-nieto5

Vayámonos a las definiciones para comenzar con mi indagatoria. Aplaudir, según la Real Academia de la Lengua Española, proviene del latín applaudĕre. Palmotear en señal de aprobación o entusiasmo. Peña Nieto sabía entonces que no iba a haber aprobación o entusiasmo por el nuevo nombramiento que acababa de anunciar, y entre dientes dejó escapar un suspiro de frustración que solamente contribuyó a reforzar entre la audiencia lo que él ya bien conoce: una baja aceptación en su desempeño presidencial.

En noviembre del año pasado, el periódico Reforma revelaba un nivel de aceptación del desempeño presidencial ubicado en 50%, mientras que El Universal lo situaba en 41%. Estas cifras son las más bajas que ha tenido un presidente desde 1995, cuando Ernesto Zedillo gobernaba un país hundido en una de las peores devaluaciones históricas.

Sería contradictorio que la gente demostrara un acto de celebración a aquello que desaprueba. México trae enojo, y no va a brindar aplausos por aquellos 43 estudiantes de Guerrero, cuyo caso busca cerrarse lo antes posible. El pasado lunes 2 de febrero, la delegación mexicana no pudo dar cifras concretas sobre el número de desaparecidos a manos del Estado, ante el Comité de Desapariciones Forzadas de la ONU. Tampoco está para celebrar que mientras la mitad de su población se encuentra en estado de pobreza, la esposa del Presidente tenga una casa de más de siete millones de dólares. No aplaudimos la caída en el precio de nuestro petróleo, causando que los precios de productos básicos se disparen.

Señor Presidente, gracias por este acto de humildad, en el cual reconoce que lo desaprobamos. No es el primero en demostrarlo, bien recordamos frases como las de Vicente Fox a meses de dejar la Presidencia: “Ya hoy hablo libre, ya digo cualquier tontería, ya no importa: ya, total, yo ya me voy.” Sin embargo, preocupa el agotamiento y la frustración que refleja Peña Nieto, a tan sólo dos años de su mandato.

Los aplausos se ganan con logros, cuando los mexicanos escuchamos algo que nos motive a celebrar. Ese México festivo se encuentra indignado, enojado y triste. Mientras esta situación continúe, los discursos presidenciales continuarán finalizando con un profundo silencio.

 

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