Sindicato Petrolero: historia de un problema

Por: Josafat Morales Rubio

La semana pasada comencé la lectura del libro Petróleo Mexicano: historia de un problema. Escrito por Jesús Silva Herzog en 1940 (poco tiempo después de haber dejado la dirección de la Comercializadora del entonces recién creado Petróleos Mexicanos), el libro resulta increíblemente revelador hoy, a casi 75 años de su escritura. Mas allá de los interesantes antecedentes que nos presenta sobre la industria petrolera en nuestro país y el mundo, lo que llama la atención es el relato que nos presenta sobre las iniciales dificultades a las que se enfrentó PEMEX a raíz de la expropiación. Dentro de estas dificultades, además de los ya muy conocidos problemas para insertar el producto en el mercado internacional, aparece uno cuya actualidad se ha hecho notar en estas últimas semanas: el problema laboral.

A menos de dos años de la expropiación, nos relata Don Jesús, el sindicato petrolero ya le causaba dolores de cabeza a la dirección a su cargo. Relatos de corrupción, de ineficiencia y de puestos sin sentido alguno nos muestran que en la paraestatal, y dentro de poco empresa productiva del Estado, la lucha por los llamados “derechos sindicales” es una constante que ha afectado el buen funcionamiento de PEMEX. El autor puntualiza que su queja no es con todos los empleados petroleros, pues algunos de ellos eran (son) sin duda alguna honesto, sino contra “la voracidad de ciertos individuos que forman una especie de burocracia petrolera, que gozan de todos los dones de la vida en la capital de la República, sin importarles la pobreza del campesino y del obrero, […] gentes que usan de la intriga y del anónimo para defender los jugosos empleos que por azar e inmerecidamente ocupan”. Creo que no es necesario decir nombres, para entender que este saco le queda a algunos prominentes miembros de la clase petrolera actual.

Así, con una historia de constantes hechos de corrupción por más de 75 años, llegamos hoy a la necesidad de que el país, o mejor dicho nosotros con nuestros impuestos, rescatemos el pasivo laboral de PEMEX, para que ésta pueda ser competitiva una vez que se abra el sector petrolero mexicano. La mayoría de los intelectuales, economistas y comentaristas políticos coinciden en lo mismo: Si, es necesario que el Estado absorba dicha deuda para fortalecer a Petróleos Mexicanos, pero es también necesario que los culpables de los excesos sean castigados. Los Diputados ya dieron el paso en el primer caso, ahora esperaríamos que también lo dieran en perseguir los hechos de corrupción.

Sin embargo, el secretario de hacienda aclaró: “la decisión de reformar o no el régimen pensionario es solo de la empresa y de los trabajadores.” Así, las exigencias de justicia de los mexicanos, quienes tendremos que pagar con nuestros impuestos las pensiones millonarias de algunos empleados petroleros, pasan a un segundo plano, mientras que la burocracia petrolera, por utilizar el término de Silva Herzog, continua enriquecida e impune.

Ojalá Videgaray y los diputados, nuestros representantes, le hicieran caso a Don Jesús cuando dice que “los intereses de un grupo de trabajadores no pueden ser contrarios a los intereses de todo un país, y los intereses de ese pueblo tampoco pueden ser contrarios a los de la nación.”

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