Se nos fue…

Sumergido entre escándalos de corrupción, protección a pederastas y poca aceptación entre los fieles, Benedicto XVI deja el papado como un suceso histórico no visto desde hace más de 500 años. Los alegatos de cansancio parecen ser insuficientes para quienes dudan que esas sean las verdaderas razones, pues entre tantos escándalos en los que se ha visto sumergida la iglesia católica desde hace ya varios años hacen que el “pretexto” suene a todo menos verosímil. Recordemos que el mismo Benedicto protegió a varios curas pederastas a pesar de las múltiples denuncias en su contra; en México se negó (o se lo impidieron) a hablar con las víctimas y nunca se vio la disponibilidad para atenderlos. Los “Vatileaks” despertaron muchas sospechas entre los opositores y sumado a esto nos encontramos un pasado un tanto turbio ligado con el nazismo. ¡Vaya escenario!.
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Sin lugar a dudas nos encontramos ante un suceso histórico que parece no volveremos a ver en vida, pues el simple hecho hace que los ojos del mundo pongan especial atención a lo que está aconteciendo en el Vaticano. El líder de la iglesia católica dejará el cargo con más dudas que certezas y los millones de feligreses tendrán que esperar a que el concilio escoja a quien dirigirá una de las religiones con más adeptos en el mundo; lo que nos queda preguntarnos ahora es cuáles serán ahora los parámetros para escoger al nuevo Papa; si el nuevo Papa tendrá la voluntad de arreglar el desorden que existe actualmente en la iglesia; si habrá realmente un castigo ejemplar para los miles de abusos sexuales registrados en las últimas décadas.

La crisis de Benedicto comenzó en el mismo momento que lo hicieron Papa, pues su predecesor, Juan Pablo II gozó no solo de la aprobación de millones de feligreses y la simpatía de muchos líderes, sino que además supo manejar la opinión pública siendo alguien carismático que pese a los también escándalos de pederastia que enfrentó, supo darle la vuelva. Benedicto no era (o es) tan carismático, no gozó de una popularidad suficiente entre la población mundial y por supuesto nunca pudo igualarse a la figura que representó Juan Pablo II. El reto era enorme, lo sabía y nunca pudo con la tarea. Los resultados son claros y hoy lo tenemos en un suceso histórico.

Ante todo este panorama y en la espera de lo que sucederá en los próximos días, la elección del nuevo pontífice significará o deberá significar una renovación para la iglesia, una actualización a los nuevos tiempos y por supuesto una nueva forma de ejercer la fe; por supuesto que la tarea no es fácil y quien se quede con el cargo tendrá que lidiar con muchos problemas, pero el principal será la falta de credibilidad que hoy día tiene la iglesia, resolver los problemas de curas pederastas y retomar la figura papal como un símbolo mundial el cual parecía se empezaba a desgastar.

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