Me acabo de morir. Please, RT

Las redes sociales se empiezan a ocupar de nuestras vidas digitales cuando hayamos muerto. ¿Qué hacer con nuestro legado digital? ¿Podremos mandar tuits desde ultratumba?

Dead Social, LivesOn o If I Die son algunas de las aplicaciones que se encargan de ello

 

Ann, la protagonista de Mi vida sin mí (2003), de Isabel Coixet, sabe que pronto morirá, y se dedica entonces a grabar cintas de audio a sus seres queridos para que las escuchen cuando ella ya no esté. A través de su voz, recogida con una vieja grabadora, va dejando mensajes a sus hijas pequeñas hasta que éstas cumplan 18 años. La idea de dejar un legado más personal que de alguna manera perpetúe nuestra existencia no ha pasado desapercibida para las redes sociales, que ya se estaban ocupando de qué hacer con nuestros perfiles y demás propiedades digitales cuando estemos muertos.

La vida que de forma paralela –o perpendicular– desarrollamos en el mundo virtual no tiene por qué detenerse en el momento de nuestra muerte terrenal. Ese es el pensamiento de quienes han desarrollado unas aplicaciones que se encargan de lanzar mensajes póstumos cuando ya no estemos.

Es el caso de If I Die. Lanzada en enero de 2012 y desarrollada para Facebook, es una de las herramientas que permite subir un vídeo o un mensaje de texto al muro una vez que tres de tus amigos confirmen tu muerte. “Creemos que todas las personas tienen derecho a que sus últimas palabras sean conocidas, que su legado sea público”, explicaba Eran Alfonta, quien en 2010 puso en marcha el proyecto como una página web y que ya en 2011 tomó forma de aplicación en Facebook.

Dead Social es otra de las aplicaciones que, al igual que If I Die, permiten inmortalizar esa última encomienda personal en Facebook, pero también en Twitter o LinkedIn, sin que la muerte nos pille desprevenidos. Los mensajes no son distribuidos hasta después del fallecimiento y a quienes y cuando lo hayamos programado.

Dead Man’s Switch se trata de un servicio de correo electrónico póstumo donde el usuario puede escribir e-mails que serán enviados después de su muerte a quienes haya elegido previamente. Esta aplicación exige conectarse periódicamente a la cuenta para demostrar que se está vivo porque, si no, interpretará justo lo contrario, y los correos se enviarán automáticamente a los destinatarios.

Algo similar ocurre con las cuentas de Gmail y Yahoo! Si no registran actividad, también te darán por muerto y eliminarán tus cuentas. Pero en este caso, Google ya ha creado una herramienta que, a petición expresa del usuario, se encargará de los datos asociados a la cuenta, como los vídeos subidos en YouTube, los álbumes de Picasa o los mensajes de Google Voice.

Con Inactive Account Manager, se puede establecer un periodo de tiempo durante el que Google deberá esperar (tres meses, seis, un año…). Un mes antes de que llegue la fecha límite, Google enviará un mensaje de alerta. Si pasa el mes entero y no hay señales de vida, entonces sí dará por certificada la muerte del usuario y la notificará a los contactos de confianza que previamente se hubieran señalado (puede ser una lista de hasta diez personas).

Remenbered Voices preserva on line nuestra voz en el mensaje de un contestador o en un comentario elaborado para la eternidad. Pero en ninguno de estos casos se facilita la interactividad póstuma del perfil digital. Podemos dejar mensajes en la página de Facebook de un difunto, pero no esperar a que este responda con un “me gusta”.

Y tuitearé desde la tumba

LivesOn ofrece, a diferencia de las anteriores aplicaciones, un servicio insólito: garantiza que tu cuenta personal de Twitter siga enviando tuits, marcando favoritos y retuiteando otros mensajes desde la tumba. Al más puro estilo de la serie británica Black Mirror, la aplicación lleva a cabo un análisis de los gustos, las preferencias y la forma de expresarse que se desprenden de la propia cuenta, cuando aún estamos vivos, para mimetizar al máximo nuestra personalidad tuitera.

“No devolvemos la vida a los muertos”, aclaraban en su cuenta de Twitter LivesOn. Según cuenta Dave Bedwood, uno de los creadores de la aplicación, el sistema podrá imitar el comportamiento de los usuarios en Twitter. “Conocerá sus gustos y hasta podrá hacer bromas que el usuario haría”. En uno de sus primeros tuits, LivesOn proclamaba: “Dios no existe; los servidores, sí. Únete a la verdadera vida que hay después de la muerte”. Para abrir una cuenta en LivesOn, es necesario que el usuario se dé de alta y que nombre a un gestor de esa cuenta, un familiar o un amigo, que se haga cargo de ella cuando él haya muerto.

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Albacea digital

Las redes sociales, las plataformas de publicación de contenidos como Blogger y Tumblr, los servicios de correo y comunicación como Gmail y Yahoo, son todos ellos servicios, no productos; y la ley establece que no son transferibles. Por tanto, no se podría acceder al contenido de las cuentas del difunto por mucha consanguinidad que con él se tenga. A no ser, claro, que el no vivo lo haya previsto.

Para eso surgen servicios como E-Z-Safe. Esta herramienta permite que todas las pertenencias digitales de un usuario (cuentas, contraseñas, etc.) sean guardadas de forma segura durante su vida y que, al morir, lleguen de igual forma a las manos de quienes el usuario haya designado.

AssetLock es otro servicio que ofrece un depósito online seguro donde cargar contraseñas, archivos e instrucciones. Una vez que el usuario fallece, la cuenta se desbloquea para aquellos a los que él registró como administradores. SecureSafe también garantiza que de una forma privada y segura transferirá esos datos a familiares, personas queridas o amigos elegidos por el usuario para que se hagan cargo de ellos.

Foto: Cathy Cole 

Fuente: eldiario

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