Llorar o celebrar

Pues sí, murió Hugo Chávez después de una intensa batalla contra el cáncer el cual lo consumió durante los últimos meses de vida. Ni las quimioterapias ni los cuidados intensivos evitaron que el presidente venezolano sucumbiera a tan terrible enfermedad. Pero más allá de eso, que ya es grave, lo interesante es ver las reacciones de millones de personas alrededor del mundo sobre este suceso que ha mantenido la atención de propios y extraños puestos en Venezuela, sobre todo ahora que tendrán que celebrarse nueva elecciones para saber quién será el nuevo mandatario.

Todos sabemos que Chávez fue un personaje más que polémico; su llegada al poder en 1999 tras un intento fallido de golpe de estado en 1992 lo ubicó como un presidente poco querido por el imperio yanqui (como él mismo se refería a los gringos) y se ganó la enemistad de múltiples naciones que comulgaban con el país norteamericano. Así mismo también se ganó la amistad de muchos otros presidentes quienes nunca se alinearon con los países industrializados, formando una gran amistad principalmente con Fidel Castro.

Pero más allá de todo lo que se ha dicho, se dirá y se sabe, ¿Por qué llorar o celebrar?; simple, era un personaje odiado o amado, sin grises. Sus impulsivos discursos, su forma de dirigirse a la nación y por supuesto sus constantes disputas con otros presidentes lo colocaron en un plano mundial más que polémico. Enfrentarse al rey de España, decirle diablo a George W. Bush, regalarle un libro de Galeano a Obama, hacerse amigo de Ahmadineyad y sobretodo oponerse abiertamente al imperialismo, al capitalismo e impulsar la revolución socialista bolivariana lo levaron a ser un presidente de cero matices. La muerte la celebran o la lloran, pero no se puede ser indiferente.

Por supuesto que tuvo muchos aciertos y muchos errores. Los detractores dirán que se volvió un dictador que no solamente nunca se fue del poder, sino que además concentró toda la fuerza a la vieja usanza de los totalitarismo. Sus defensores dirán que redujo el analfabetismo, amplió los servicios de salud y la economía mejoró. Hay quienes dirán que juntarse con Castro significó una ruptura con las grandes empresas. Otros mencionarán que fue la mejor manera de sobrevivir a los embates capitalistas. Lo que sí nos queda claro es que fue un presidente que estuvo siempre en la mira, que sus declaraciones resonaban más allá de sus fronteras y que siempre provocaba polémica.

Para muchos venezolanos fue la salvación; para otros tantos fue el abandono de su país. Desde esta trinchera me es difícil hacer un juicio por lo poco que se sobre Venezuela y su sistema político; porque además hacer un juicio de valor sobre si estuvo bien o no representa juzgar desde afuera sin conocer el trasfondo de eso. Quienes saben son, por obvias razones, los venezolanos. Los analistas que examinarán lo que implica este suceso lo harán desde una posición cómoda y con todos los juicios de valor que se han creado alrededor de este personaje, pero desde este lado, solamente nos queda decir que, independientemente de lo amado u odiado, se ha ido un grande capaz de enfrentarse al imperio sin pelos en la lengua. Tal vez un ejemplo para muchos políticos mexicanos quienes a la primera del gran régimen se agachan y piden perdón.

Adiós Chávez.

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