La geopolítica rusa después de la guerra en Irak.

Escrito desde Ciudad Universitaria, Facultad de Filosofía y Letras.
En el 2003, la guerra iniciada por los Estados Unidos contra Irak, bajo el interés del primero por las reservas petroleras del segundo, ocasionó un incremento de las tensiones con Rusia, por lo que su postura “neutral” de rusia causó desconcierto. Hoy, a escasos años de distancia, uno no puede evitar la confusa sensación que dejó la guerra del 2003, y ante el estallido latente de un nuevo conflicto en Siria, el posicionamiento que tome la Federación Rusa marcará sin duda el destino de la humanidad. El articulo de Ana Teresa Gutiérrez del Cid, “Rusia frente a la guerra en Irak”, (En: Juan Manuel Sandoval y Alberto Betancourt Posada, La hegemonía estadounidense después de la guerra en Irak, México, Plaza y Valdés, 2005. p. 75-97.), ofrece un amplio panorama de las circunstancias que condicionaron la neutralidad rusa en la guerra sostenida por los Estados Unidos contra Irak.
Según Gutiérrez del Cid, los problemas económicos y sociales que se generaron después de la reinstauración del capitalismo en Rusia, explican en buena medida su negativa en la provisión de armas a Irak. Vale la pena recordar que entre los años 70’s y 80´s, Irak había contado con la colaboración de la Unión de Republicas Soviéticas Socialistas (URSS) y China, para el desarrollo de su estructura económico-comercial, sin embargo, el panorama cooperativo cambió ante la caída del bloque socialista.
La autora sostiene, que la apertura rusa hacia el capitalismo trajo consigo severos problemas, dado que la Perestroika, que reformó la actividad productiva de la URSS adaptándola al mercado moderno, mostró sus duros efectos durante el gobierno de Boris Yeltsin. La factura de la Perestroika fue pagada por la población que le sobrevivía a las enfermedades, la carestía, la baja demográfica y en general a la hambruna. La difícil etapa de transición del socialismo soviético al mundo occidentalizado, tuvo según Ana Teresa Gutiérrez del Cid, cierto aliciente bajo la administración de Vladimir Putin desde 1999. Puesto que según Gutiérrez del Cid, Putin cultivó cambios benéficos a raíz de dos constantes en su política: la seguridad nacional y la reorganización geopolítica con los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI). No obstante, la autora revela que las intenciones en la consolidación de un Estado fuerte, siguen enfrentando problemas productivos que afectan la capacidad adquisitiva, el modo y la expectativa de vida.
Los problemas internos en vías de desarrollo de la actual Rusia capitalista, pueden convertirse en razonables argumentos para la comprensión de su posicionamiento frente a Irak. Y sin embargo, tal como sostiene el artículo, “La victoria estadounidense ha tenido como consecuencia que Rusia sea bombardeada con acusaciones del mundo islámico de que permitió esa victoria, primero por traicionar la tradicional asociación con Irak y por no permanecer lo suficientemente firme para bloquear el ataque y, segundo, por privar a Irak de armas modernas capaces de rechazar la ofensiva estadounidense.” (p.87). La gravedad de la acusación como reflexiona Ana Teresa Gutiérrez del Cid, ha tenido como consecuencia, el tambaleo de la seguridad fronteriza de Rusia con el límite musulmán. Sin embargo, los cambios geopolíticos en Rusia han volcado en estrategias distintas, con miras a la diversificación de sus relaciones con Europa.
La “neutralidad” rusa ante la envergadura de la guerra contra Irak ha quedado atrás. La lección de los estragos que dejó la guerra propiciada por Estados Unidos, parece haber sido bien aprendida, puesto que ahora la Federación Rusa no planea quedarse cruzada de brazos, los discursos que envuelven los intereses norteamericanos son ya bien conocidos. El ataque que emprenda Norteamérica sobre Siria, se enfrentará a un gran rival que evidentemente no le apostará a la neutralidad, aunque ello implique, dividir en alianzas al mundo.

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