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Yo también soy un desestabilizador

Yo también soy un desestabilizador

Enrique Peña Nieto ha declarado, abiertamente, que existe un afán de algunas personas por desestabilizar el proyecto de nación que tanto promueve. Ha mencionado que la noticia de la casa de su esposa, Angélica Rivera, valuada en 7 millones de dólares, es un intento por desviar la atención de lo verdaderamente importante. Se ofende cuando se le cuestiona sobre los contratos que Grupo Higa adquirió durante su mandato en el Estado de México, y llama a todos aquellos que exigimos transparencia, desestabilizadores del sistema.

Indigna la forma y el fondo de sus declaraciones. Peña Nieto visiblemente enojado declara que hay quienes sólo buscan desprestigiarlo. Angélica Rivera reitera molesta, que ha trabajado arduamente y que no es culpable de nada. La pareja presidencial se siente víctima de la realidad y la verdad. Peña Nieto y Rivera de Peña se presentan como dos entes bondadosos, incorruptibles, sin nada que esconder, fingiendo que han sido atacados injustamente y que son ellos los que deberían de ofenderse por la publicación de la noticia.

No responden claramente, se niegan a hacerlo, porque quizás no haya cómo responder, o porqué tal vez estén todavía preparando esa respuesta que en teoría calmará las cosas. Angélica Rivera sale en un video mal editado, mal actuado, con malos cortes, en una actitud poco amigable, poco bondadosa y visiblemente fastidiada, tratando de explicar cómo adquirió esa casa, buscando convencer a la opinión pública que ha sido producto de su trabajo. Pero no convence porque no hay argumentos para hacerlo. La respuesta es sosa, poco clara, no dice nada, sólo justifica y deja en el aire temas poco claros. Incluso desafía a todos cuando menciona que no tiene obligación de hacer público su patrimonio. La prepotencia vuelve a hacer acto de presencia.

Angélica Rivera ha sido abandonada por su esposo, quien no la acompaña y la avienta al Coliseo para que se defienda sola. Peña Nieto declara que ella tiene que aclarar las cosas, pero nunca se muestra solidario con ella. Angélica Rivera se defiende como puede, con un equipo de producción que ha sido contratado para hacerla quedar bien. Pero eso ya no se puede, por lo menos entre la sociedad que sale a las calles, que lee y critica, que se informa por otros medios distintos a los oficiales.

Una casa de 7 millones de dólares es motivo suficiente para enfadar a toda una sociedad asqueada de la clase política. Esa casa, producto del trabajo arduo de la ex actriz de Televisa es la cara de la impunidad de quienes tienen mucho y se lo refriegan en la cara a los que no tienen nada.  Trata de justificarse en un video que por supuesto no llegará a todos, porque no todos tienen ni siquiera el mínimo necesario para adquirir una computadora con Internet. El cinismo en su máxima expresión. Y aun así osan llamar a la sociedad pensante y crítica desestabilizadores.

En ese estricto sentido, sí, yo también soy un desestabilizador cuando cuestiono sobre los contratos billonarios a empresas “amigas” del presidente  y las prebendas que se dieron por dichos contratos. Sí, yo también soy un desestabilizador cuando cuestiono sobre los desaparecidos de Ayotzinapa de los cuáles no han dado respuesta clara. Sí, yo también soy un desestabilizador cuando me indigno por la imperante corrupción del gobierno federal. Sí, yo también soy un desestabilizador cuando me enojo porque cínicamente Peña Nieto y su esposa se ofenden por comprar una casa de 7 millones teniendo al 60% de la población en pobreza. Sí, yo también soy un desestabilizador por no creer las mentiras de la presidencia ni de Televisa. Y sí, yo también soy un gran desestabilizador del sistema cuando exijo cuentas claras y transparentes a los servidores públicos beneficiados por el sistema en turno.

Finalmente, Angélica Rivera dice que venderá la casa para evitar más injurias en contra de ella y su familia. Pero una vez más no aclara qué hará con el dinero de esa transacción, pues lo que no ha entendido es que la casa de 7 millones de dólares no es el problema, sino ellos como pareja presidencial y toda la corrupción que los rodea y de la cual son partícipes activos.

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