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Mejor pongamos la bandera del amor y la solidaridad

Mejor pongamos la bandera del amor y la solidaridad

Los atentados en París han generado una ola de opiniones encontradas entre quienes se solidarizan con las víctimas y quienes declaran que es hipocresía mundial al no hacer lo mismo cuando Europa invade y bombardea a Siria. Facebook habilitó una aplicación para que la gente pusiera la bandera de Francia en sus muros, acción que generó que millones de personas pintaran sus muros de Azul, Rojo y Blanco.

Sin embargo el problema radica precisamente en esto; no en poner la bandera del país Galo, no en solidarizarse con las víctimas, ni siquiera en buscar la mejor selfie frente a la Torre Eiffel para demostrar que unos sienten la tragedia más fuerte porque han visitado París, sino en la visión unilateral del problema a partir de los colores de un país, como si la tragedia humana tuviera fronteras. Seguimos viendo naciones en lugar de personas; continuamos viendo banderas y estandartes en vez de seres humanos; seguimos apreciando lugares geográficos en vez de observar que la tragedia es igual para un niño, mujer, anciano u hombre sin importar su nacionalidad, color o idioma. Seguimos dándoles motes de inmigrantes, refugiados, cuando deberíamos preocuparnos por llamarlos personas, así de simple.

Las víctimas no tienen nacionalidad, las víctimas son víctimas, y como tales deberíamos de verlas, sin importar si son de Europa, Asia o África. No hay víctimas de primera ni de segunda, el sufrimiento humano es el mismo y es el que debería de preocuparnos más en estos momentos más allá de ver qué bandera debería de ondear en nuestros muros. Si, pertenecemos a un país y como tal tenemos sentimientos hacia la nación que nos ha dado identidad, pero también tenemos raciocinio, integridad, esperanza y solidaridad, y por tal tendríamos que entender que un sirio sufre cuando su hijo muere a manos de las bombas como ha de estar sufriendo una madre cuyo hijo fue asesinado en el Bataclán, y en eso no hay ninguna diferencia. Ni la muerte ni el sufrimiento distingue nacionalidades.

Hoy parece que estamos más preocupados por poner la bandera de Francia en nuestro muro o por criticar a aquellos que ya la pusieron. Pero hoy nadie está preocupado por poner la bandera del amor, solidaridad y humanidad, y esa bandera todavía no está siquiera pensada o diseñada, y es ahí donde tendríamos que empezar a trabajar, en vernos como personas antes que enemigos, como gente que sentimos la tragedia sin importar el lugar. Tenemos que empezar a apreciarnos como seres humanos, no como países ni colores, mucho menos banderas, y quizá sólo así podremos dejar de lado ese odio que tanto daño nos está haciendo como humanidad.

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