La FIFA y Brasil

Brasil ganó la Copa Confederaciones, se coronó campeón ante España en una baile maestro. Sin embargo NO todo es celebración en el país sureño, pues más allá de júbilo nacional y celebración desenfrenada, una parte importante de los brasileños sigue manifestándose en las calles y en la final de la Confederaciones no fue la excepción. Sí, Brasil sigue en llamas y esta vez el fútbol no pudo detenerlos.

A escasos metros del Maracaná, donde se jugó la final, miles de manifestantes se enfrentaron a la policía en una muestra clara que en Brasil no todo es fútbol. Los miles de manifestantes arrojaron piedras y bombas molotov a la policía quien cercó el estadio para impedir más disturbios. Esta ola de manifestaciones se presenta a un año de iniciar el mundial de fútbol, las exigencias parecen simples: mejores niveles de vida, mejores servicios educativos y mejores sistemas de salud. El problema es que el gobierno de Dilma Roussef no ha sabido capitalizar la oportunidad histórica que el país está teniendo y los altos impuestos aunados al desempleo, las exigencias de la FIFA para organizar el mundial y los recortes en el presupuesto provocan malestar ciudadano que se ve reflejado en las calles.

Sí, Brasil debería de estar feliz por conseguir una copa más, sin embargo el deseo de ser los mejores del fútbol no es tan grande como el deseo de salir adelante, de tener justicia y mejores niveles de vida. Hoy Brasil ocupa las portadas de miles de diarios por dos temas: la confederaciones y las manifestaciones, ambas casi igual de importantes y ambas noticias con un valor trascendental para el pueblo brasileño.

Una vez más los brasileños han salido a las calles para hacerse oír, para decirle al mundo que el mundial no lo es todo, que el hambre y la miseria no se borran con campeonatos; tal parece que incluso algunos jugadores lo han entendido, pues muchos de ellos han vivido en carne propia la miseria de un sistema que no ha sabido proporcionar estabilidad social y económica.

 

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