El miedo a ganar

El Cruz Azul la volvió a hacer en grande. 178 minutos fueron suficientes para que la máquina se sintiera campeón. 178 minutos donde ilusionó a toda su afición quienes esperan desde hace 15 años un título. 178 minutos de futbol tirados a la basura. Y es que el Cruz Azul tiene miedo, mucho miedo a ganar. El eterno segundón, el sub campeón de muchos años no quiere ganar el partido grande, se achica, se vuelve vulnerable, se espanta ante el otro; le da pavor levantar el trofeo.
Tal vez, quizás, sea el reflejo de la historia nacional, ese miedo a hacer las cosas hasta el último momento. Al América le bastó sólo 2 minutos para hacer la hombrada, el milagro frente a un equipo que ya se veía triunfador y dejó de luchar porque quien, en tan poco tiempo, tiene la capacidad de remontar un marcador adverso. Sí, fue el América. ¿Y por qué dejó de luchar? Simple, porque es una tradición no terminar las cosas como deben, no dar el máximo, sentirse víctimas eternas, buscar echarle la culpa al otro.
La afición celeste debe de sentirse molesta, incrédula, decepcionada. Las esperanzas se desvanecieron en esa serie de penaltis que se veía iba a ganar el América, no por capacidad, sino simplemente porque el estado anímico era muy superior del lado amarillo. La máquina no existía, desapareció, se volvió un recuerdo minúsculo de lo que es querer ser campeón. Esas lágrimas de los aficionados no conmovieron al equipo, no fueron un motivo suficiente para luchar, para creer. Las ganas las dejaron cuando, ingenuamente, se sentían campeones, las risas pasaron a lágrimas, lamentos.
Y sí, el Cruz Azul pasará a la historia como el que no ha querido levantar la copa, como el equipo de los mil pretextos, como la institución segundona que tiene miedo, pavor, pánico eterno. #OdiameMas, pero no al América, sino al Cruz Azul por no querer hacer bien las cosas. Un partido en la bolsa terminó en la basura. Bien por ellos quienes seguramente estarán ya acostumbrados a ver cómo alguien más levanta el trofeo; bien por ellos quienes estarán acostumbrados a las burlas de la afición; bien por ellos quienes estarán acostumbrados a tener miedo.

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