El idiota del pueblo: EPN… una vez más

Sí, este título ya lo habíamos utilizado hace algunas semanas, pero EPN sigue dando de qué hablar y no precisamente por su destacada actuación en cada lugar que se presenta, sino por la cantidad de pendejadas que dice cada que le ponen un micrófono en la cara. Con tantos errores en tan poco tiempo, estamos considerando seriamente cambiarle el nombre a esta columna y ponerle algo referente a Peña como sinónimo de estupidez humana.

La primera: en la cumbre del G8, donde están los 8 países más industrializados, se les ocurrió invitar a México (sólo ellos sabrán porqué) y por obvias razones, Peña Nieto tenía que hablar, que dar un discurso, pararse enfrente de un auditorio, sentirse en los escenarios priistas donde le aplauden por cualquier cosa, con sus paleros al frente para reírse cuando él se ríe, para levantarse cuando él se levanta, para aplaudir cuando él lo pide; pero no estaba en esos escenarios priistas tan cómodos a los que está acostumbrado, estaba frente a una comunidad internacional de reporteros que no le iban a aplaudir cuando él quisiera. ¡Ni modo!

Entrado en su personaje de presidente, metido en el discurso que (obvio) alguien más le escribió, leyendo esas sabias palabras que no entendía, y haciendo uso de un vocabulario amplio, confundió (¿confundió?) la conjugación de un verbo como un niño de 2 años aprendiendo a hablar, como el imberbe que dice “Yo ero niño” el presidente mismo dijo “SUSCRIBIDO” en una pifia monumental. El discurso pasó a segundo, tercero o cuarto plano, la concentración era (¿ero?) por la amplia cultura del primer mandatario, digno representante nacional y su capacidad para conjugar bien un verbo, un simple verbo, el cual seguramente estaba ahí escrito. No sabemos si se dio cuenta en ese momento, si fingió demencia o si creyó que nadie se iba a dar cuenta, el punto es que el video se volvió viral y una vez más nos da tema para hablar de este personaje.

Segunda: en esta misma cumbre del G8 declaró a la prensa internacional que PEMEX se abriría a la industria privada para modernizarla, que estaba en camino la reforma energética para permitir la intervención de empresas extranjeras para que le echen la mano a PEMEX en la extracción de petróleo, pues es claro que la paraestatal carece de ingenio, dinero, talento, infraestructura, mano de obra, y un sinfín de etcéteras que, bajo los ojos del mandatario, pues es necesario y urgente que alguien venga a salvarlo.

Hasta aquí nada nuevo bajo el sol. Desde hace varios sexenios PEMEX es tema de privatización y un botín que muchos buitres desean. El problema es que dice una cosa en el extranjero y dice otra cosa aquí. Se baja los pantalones con los 8 más industrializados y aquí se faja bien machito. Se inclina ante Obama ofreciéndole las nalgas y aquí se para firme demostrando hombría. ¡Chale! Más allá del tema de la privatización, el cual merece un análisis mucho más profundo, los dobles discursos que periódicamente hace nos generan mucha incertidumbre, pues provoca urticaria entre las partes a favor y en contra y hace que los mismos políticos entren al ring a defender sus respectivas posturas.

Tercera: la cereza del pastel. Cuando una reportera le preguntan en INGLÉS sobre política económica, específicamente su opinión sobre qué pasaría en México si se reduce el ritmo de impresión de dólares. Serenamente, elocuente, sin preocupaciones y sintiéndose dueño del escenario, pide que le traduzcan la pregunta para no cagarla, para responder “bien”. Una vez traducida la cuestión, cuando se pensaba que iba a responder una genialidad, pues resulta que no sabe que responder porque obviamente nunca leyó un libro de economía y esos temas como que le dan hueva. Como es su costumbre, cantinflea y dice mucho sin decir nada, trata de marear a la audiencia y salirse por la tangente. Termina por no opinar porque no sabe qué opinar, y como buen estadista que es, decide, así porque sí, que ya no más preguntas, no vaya a ser que le vuelvan a preguntar algo difícil y tenga que hacer el ridículo, algo a lo que no está acostumbrado.

Y pues sí, esta semana la vuelve a ganar EPN por estas tres “declaraciones” las cuales nos hacen la vida alegre, nos da de qué hablar y nos da material para darnos cuenta que Vicente Fox no fue el presidente más pendejo que tuvo México.

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