El idiota del pueblo: Andrés Granier

El ex gober de Tabasco se lleva la semana no por sus desfalcos ni por sus miles de zapatos que presumió en una peda, no, tampoco por las miles de camisas que tiene y dice que no tiene, es más, ni por sus propiedades compradas legalmente con el sudor de su frente; se gana el mote del idiota del pueblo porque después de que declarara con Loret de Mola que no tenía tantos zapatos, que su conciencia estaba tranquis y que no debía ni temía nada, que la deuda de Tabasco era un cuento para manchar su buena reputación, resulta que de repente, por acto de magia, se enfermó justo cuando estaba declarando ante la PGR, cuando estaba siendo interrogado. Como todo en la política nacional, fue puritita casualidad.

Así es, Andrés Granier se enfermó y pidió que se le trasladara a un hospital de la Ciudad de México porque en Tabasco pues no existen hospitales dignos de ex gobernadores. Qué ironía que todos los políticos se traten en el DF porque en sus respectivos estados nomás no hay pa donde; y así es precisamente el caso de Granier, quien, según su abogado, no puede declarar porque está malito, tiene dolor de pancita y no quiere ir a la escuela.

Lo que encabrona es que como en muchos casos, cuando se las dejan caer y ya no ven claro, se enferman; su salud estaba bien, se ponía unas buenas pedas donde soltaba la lengua, seguro se acostaba con más de una fémina buscando un puestecito en el gobierno, viajaba con el presupuesto del estado a todos los lugares que quería, y así nomás, de un día para otro, tiene recaídas, justo en el momento en que empiezan a cuestionarle todas sus transas. La neta la neta, que falta de huevos.

Se acuerdan de una tal Gordillo, que ahora que también enfrenta la justicia se enfermó en un caso muy pero muy pero muy parecido al de Granier. ¿Casualidad? No creo, a los políticos que una vez tienen poder y de repente los sorprenden en la movida, les ha de dar algo así como una enfermedad del puerco, o sea, comen, tragan y se revuelcan en su misma mierda, pero cuando se las quitan ya no saben qué hacer, se sienten mal, se ponen malitos de los nervios y por obvias razones van a dar al hospital. Cuando los quitan de su chiquero, pues como que pierden balance y la presión se les baja, lo que provoca síntomas claros como olvidar dónde quedó la cartera, olvidar lo que se dijo en reuniones con otros de los suyos, olvidar qué se firmó y con quien, con quien se hizo tratos y contratos, se les olvida los lujos que tenían y la casas que compraron, incluso se les olvida que ellos mismos pagaron con el erario público las propiedades y que bajo quien sabe qué efectos, las pusieron a nombre de alguien más. ¿Prestanombres se les dice?

Lo chistoso, si es que podemos encontrar un lado cómico a esto, es que las respuestas que dan son las mismas que hemos escuchado durante muchos años: “persecución política”. ¡Que no mame!, Aunque de hecho sí es una buena escusa: si lo detiene la policía por pasarse un semáforo, por traficar droga, por matar a alguien, puede alegar “persecución política” y seguramente quedará impune.

Y pues sí, como muchos politiquillos que cuando les quitan sus lujos ya no son tan hombrecitos, Granier demuestra la falta de conciencia, de moral, de madre pero sobre todo de huevos, que se enferme nos pasa a todos, que se enferme justo cuando la cloaca se está destapando es demasiada casualidad. Es como cuando a su hijo le empieza a doler la panza a las 7 de la mañana, justo antes de salir a la escuela, porque tiene examen o porque otro guey más grande lo trae de bajada. El miedo del niño es comprensible, el de estos políticos es para reír. Ni modo, así son, y se reproducen.

Commentarios

commentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.